Presentación Programa ERAC

Fundamentación

El programa ERAC se fundamenta en las teorías psicológicas evolutivas, constructivistas e instruccionales de la educación, parte de los modelos y postulados que proponen promocionar la educación moral y cívica desde el ámbito escolar.

Por razones éticas de la educación y por razones prácticas, los niños están escolarizados durante muchos años y muchas horas diarias. La cantidad de horas y años que los niños tienen que estar en la enseñanza obligatoria, obliga éticamente a que la escuela y la familia compartan el deber de enseñar a comportarse cívicamente a los niños, que en la escuela se convierten en alumnos.

Los modelos y corrientes actuales  nos recuerdan que: La educación tiene como fin promocionar el desarrollo social de las personas, tanto a nivel intelectual como moral. El aprendizaje debe contemplar la consecución de objetivos de socialización que incluyan los aprendizajes instrumentales, y los de orden y control que predominan en un grupo social.

El orden y control se establece con normas y leyes, que enseñan las normas de comportamiento que rigen en la sociedad, y se utilizan un conjunto de procedimientos para enseñarlas a los que denominamos disciplina.

La disciplina es pues la imposición de normas y reglas que canalizan el desarrollo hacia una manera de comportarse determinada por la sociedad, según la define Ausubel  (1961).

Cohen y Manión (1977) entienden por disciplina escolar el control ejercido sobre el alumno por el profesor en función de las normas existentes en un centro.

También las orientaciones clásicas sobre la educación moral y tecnológica, ya que ambas son las que llevan al progreso social (Nsamenang y Lamb, 1994), y los enfoques sobre el desarrollo prosocial y moral, además de la influencia de los diversos contextos en el desarrollo. Entre esos contextos la escuela es un espacio importante de desarrollo evolutivo y personal, Bronfenbrenner (1979) señala la importancia de la formación humana y social en educación.

La construcción del conocimiento desde los distintos sistemas ecológicos en los que se desarrollan las personas, y los diversos modelos teóricos y prácticos, que consideran que la construcción y formación de las personas es algo más que enseñar conocimientos o tecnología en educación formal, que la escuela es mucho más que un lugar de instrucción de aprendizajes académicos en las primeras etapas de enseñanza obligatoria, es una institución social que debe responder también a las necesidades de formación humana y social.

Tal como señaló Kolhberg (1988): “Ha ido creciendo la conciencia de la necesidad de tener fines racionales o socio-morales y principios de acción, y concretizar estos fines en la educación”.

De acuerdo con la justificación psicológica de que la disciplina se fundamenta en la necesidad de enseñar a los niños, a los alumnos, el respeto a los demás, y las actitudes de colaboración para mantener el control del grupo. Para ello es necesario enseñar el modelo de conducta adecuado que se espera promover en los alumnos, no solamente para mantener el orden social y la convivencia, sino para un desarrollo psicológico armonioso y sano.

Hurlock (1986) justifica la necesidad psicológica de educar para aceptar la conveniencia de normas sociales en las características específicas del desarrollo infantil, parte de un presupuesto básico derivado de la psicología evolutiva-cognitiva, y es que los niños deben aprender a comportarse en función de las posibilidades de su desarrollo.

Comportarse adecuadamente es pues, un proceso largo y lento.

Los alumnos tienen que aprender a comportarse socialmente de la forma esperada y en función de los contextos en los que se desarrollan. Tienen que conocer qué esperan de ellos a nivel individual, y cuando están en grupo. Tienen que aprender que el comportamiento es distinto cuando están en clase, en el patio, en la calle o en su casa. Tienen que desarrollar la conciencia de lo que es justo y lo que es injusto para interiorizar las normas sociales. Y para ello es necesario que se le den oportunidades de aprendizaje, como afirman Selman, Hoffman, Piaget, Kohlberg, Einsenberg, entre otros autores, que investigan e investigaron el desarrollo moral y social en la infancia.

No esperamos que los alumnos se comporten siempre correctamente, o que no se enfaden por no entender las normas que se les imponen. Pero sí debemos conseguir que se comporten frecuentemente, como es esperable y que demuestren sus enfados pacíficamente.

Los alumnos deben aprender gradualmente a comportarse, desde los primeros niveles de la educación hasta la finalización de la misma.

Las obligaciones y responsabilidades deben estar seleccionadas en función de la edad de los niños-alumnos y de su capacidad para poder responder a ellas.

La capacidad de comportarse en función de las normas y reglas establecidas por el grupo social en el que se desenvuelven los alumnos, está estrechamente vinculada con el desarrollo cognitivo y la educación moral. Existen una serie de fases predecibles, según la teoría psicológica, que nos ayuda a planificar la disciplina en función de las necesidades de los alumnos, y que puede facilitar la interiorización de las normas sociales, si atendemos a estas etapas del desarrollo moral y del desarrollo en general.

A partir de estos modelos y enfoques teóricos y prácticos se ha elaborado el programa ERAC, que incluye normas, consecuencias, sanciones y ejercicios para las diferentes etapas de la enseñanza, tanto para el personal docente, no docente, familia y por supuesto para los alumnos.