Profesores Programa ERAC

El malestar docente

Las investigaciones sobre el malestar docente enuncian varios factores como causa de la insatisfacción y el malestar del profesorado.

Numerosas investigaciones y autores diversos, especialmente desde los años 1960 hasta la actualidad 2026, señalan como causa principal del agotamiento o burnout del profesor, la sobrecarga laboral, y las responsabilidades, exigencias y expectativas desproporcionadas para el tiempo y los recursos que tiene.

El catedrático Esteve, ya en 1998, señalaba que los factores que afectan de forma negativa al profesor, junto con las condiciones psicológicas y sociales en que ejerce la docencia, son la causa del malestar que se conoce con el nombre de burnout, o malestar docente, que significa profesor agotado, quemado física y mentalmente por las condiciones laborales. Este término que define las consecuencias negativas que sufren algunos profesores, aparece por primera vez en el ámbito educativo, en un artículo de P. Bardo en 1979, The Pain of Theacher Burnout.

Entre alguna de estas condiciones cabe destacar: la conservación de los edificios, mobiliario, calefacción, falta de espacio, recursos y material didáctico, horarios, reuniones, claustro, evaluaciones, visitas de las familias y otras actividades, en general las condiciones de trabajo…, y añadir las agresiones y violencia en las instituciones escolares p.48-57 (1)

En noviembre 2025, el Defensor del Profesor presenta su memoria sobre conflictividad en los centros educativos durante el curso 2024-2025, en la que se constata una cronificación “del malestar emocional docente asociado a la sobrecarga burocrática, el insuficiente apoyo institucional y la falta de recursos humanos y materiales.”

El informe del Defensor del Profesor concluye que el malestar docente aumenta debido principalmente a la sobrecarga burocrática, poco apoyo institucional, falta de recursos y materiales, estos problemas dentro del sistema educativo causan una serie de consecuencias profesionales y personales.

Entre las consecuencias personales destaca la salud mental del docente, la ansiedad es uno de los efectos que padecen los profesores y aumenta con respecto al año anterior, también la depresión y las bajas médicas. Los profesores con más de quince años de experiencia son los que más acusan el malestar emocional, existe una relación directa entre años de profesión y el síndrome de burnout.

Otros factores que causan el malestar emocional son, además de la burocracia, la elevada ratio del alumnado, el aumento de alumnado con necesidades educativas especiales, excesiva carga electiva, la incertidumbre del profesorado interino, y la escasez de personal docente y no docente.

En cuanto a los conflictos más frecuentes y que crean un gran malestar emocional destacan los siguientes y por este orden:

– Conflictos con el alumnado

– Conflictos con las familias

– Faltas de respeto de las familias y la exigencia de cambiar notas

– Falsas acusaciones al profesorado

– La conflictividad en el aula y la dificultad para impartir la clase

– Los casos de acoso

Las agresiones físicas por parte del alumnado o su familia, disminuyen con respecto al curso anterior, pero siguen existiendo.

Existen otros conflictos menores que no llegan a contabilizarse ya que se solucionan en el centro, gracias a las normas de convivencia que se han ido estableciendo, según afirma la coordinadora estatal del Defensor del Profesor, T. Hernández. (2)

Una de las consecuencias del estrés por la presión que percibe el profesorado, es el aumento de la ansiedad en los docentes, tal como señala la memoria del Defensor del Profesorado.

Recordemos que ya en los años 1980 la idea del profesor sobrecargo y la aparición de ansiedad aparecía en numerosos estudios internacionales y españoles.

El psiquiatra Polaino, 1982, escribía: “Una ansiedad generalizada, indiscriminada y no selectiva, atenta a la espera de que suceda algo -que será anticipado negativamente-, por cuya virtud será valorado su comportamiento o su personalidad de forma peyorativa.” Y añade, la ansiedad y su consecuencia la depresión, debería ser lo normal y sufrirla todos los profesores con tanta sobrecarga. Si eso no es así, es porque no todos tienen el estilo cognitivo-atributivo, “y tal vez porque conocen cómo ego-desimplicarse de las tareas docentes, impermeabilizándose y resultando invulnerables a los juicios de valor, mejor o peor fundados, de sus respectivos alumnos y de la sociedad toda.”

Es interesante lo que dice Polaino, es probable que el nivel de implicación personal sea un factor  de protección o de riesgo, donde el cuestionarse personalmente de las dificultades de enseñanza  no favorece la salud mental.

Es una idea interesante para poder manejar en la consulta psicológica, o en cursos de formación, enseñar la técnica de separar lo personal de lo laboral. El profesorado puede aprender a que no le afecten tanto las condiciones laborales y sociales. Pero la solución es que se produzcan cambios en el sistema de educación y en el ámbito social para disminuir la sobrecarga, y las demás circunstancias que desde hace muchas décadas se conocen que son la causa del malestar docente, y no las características personales del profesorado.

“Numerosas investigaciones muestran un profesional agotado, estresado, sobrecargado de trabajo y de responsabilidades. Responsable de la educación compartida y que viven como no compartida.”

En cuanto a las agresiones y violencia en los centros, el mismo autor comenta: En el plano real, la violencia escolar es minoritaria. Pero los efectos en el plano psicológico son enormes, crea un sentimiento de inseguridad, de intranquilidad y termina creando estrés (Polaino, 1982) (3). El tema de la violencia escolar es más importante por sus efectos que por su incidencia real, tal como aseguran autores e investigadores con enfoques diversos y diferentes.

El malestar docente y sus consecuencias en los profesores, tienen diversas causas, factores externos como ya hemos comentado, y factores personales del docente que lo sufre. Entre los conflictos más frecuentes que producen malestar están los conflictos con los alumnos y con las familias. Estos conflictos pueden disminuir si gestionamos el tipo de control que puede ejercerse sin que implique más esfuerzo y trabajo. Y en este sentido, las normas de convivencia, programadas y explícitas, y con el expreso consentimiento de familias y alumnos que deben aceptar las normas de convivencia escolar y de aula programadas, se ha comprobado que los conflictos disminuyen.

El programa ERAC presenta las normas básicas programadas y obligatorias, y el consentimiento expreso que deben firmar  las familias. Los centros docentes y el profesorado puede adaptarlas a las características de su centro y aula.

 

(1) Esteve, J. Mª. 1998. El malestar docente. (3ª edición revisada y ampliada)

(2) Informe del Defensor del Profesor, 2024-2025

(3) Polaino, A. 1982. El estrés de los profesores: estrategias psicológicas de intervención para su manejo y control. Revista Española de Pedagogía, 40